Draco Malfoy es, sin duda, mi personaje favorito del mundo mágico de Harry Potter. A pesar de ser visto muchas veces como el antagonista, siempre me llamó la atención su complejidad. Detrás de su arrogancia y su actitud fría, hay un joven lleno de conflictos internos, presionado por las expectativas de su familia y su linaje. Su evolución a lo largo de la saga demuestra que no todo es blanco o negro, y que incluso alguien criado bajo ideales de pureza puede mostrar dudas, empatía y humanidad. Su elegancia, su porte, su inteligencia y su lealtad (aunque muchas veces mal dirigida) lo hacen un personaje que destaca entre los demás. Además, su estilo, su mirada desafiante y esa aura misteriosa simplemente lo vuelven inolvidable dentro de la casa Slytherin.
Draco proviene de una familia de sangre pura, los Malfoy, muy influyentes dentro del mundo mágico.
Es miembro de Slytherin y tiene una rivalidad constante con Harry Potter y sus amigos.
Durante la saga se nota su conflicto interno, especialmente en “Las Reliquias de la Muerte”, donde demuestra miedo y dudas.
Es hábil en pociones y posee gran astucia, típico de Slytherin.
Su nombre “Draco” significa dragón en latín.